Los poemas homéricos, que constituyen los más antiguos monumentos literarios de la
antigua Grecia,

no sólo eran para ésta un símbolo de la unidad y el espíritu
helénicos, sino también una fuente de enseñanzas morales e incluso de
hábitos y costumbres prácticas.
Lo único que se sabe con certeza acerca de Homero es
que los griegos le atribuían tradicionalmente la redacción de sus dos
grandes poemas épicos: la
Ilíada -cuyo eje era un episodio de la guerra de Troya provocado por la cólera de Aquiles- y la
Odisea, que describía el
retorno de Odiseo (o Ulises) a su hogar tras el fin de la guerra.
Las propias fuentes antiguas referentes al poeta contienen
numerosas contradicciones. El historiador Herodoto afirmaba que había
nacido hacia el 850 a.C., y se consideraba que provenía de algún lugar
de Jonia,
Asia menor; las ciudades de
Esmirna y Quíos se disputaban ese honor. Tradicionalmente se le atribuían también unos
Himnos homéricos, que hoy se sabe eran de fecha posterior -finales
del siglo
VII a.C.- y de los cuales procede la imagen legendaria de Homero como
un poeta ciego. Los principales eruditos griegos desecharon que fuera el autor de obras como el desaparecido poema
Margites o la parodia épica llamada Batracomiomaquia. En cuanto a su
muerte, la versión más extendida era que aconteció en una de
las islas Cícladas.
La escasa fiabilidad de estos datos y de otras muchas leyendas
tejidas en torno a Homero hicieron que desde el siglo XVIII los
estudiosos se plantearan incluso la duda sobre su existencia. Asimismo,
la constatación de que tanto la
Ilíada como la
Odisea constituían
la culminación de una larga tradición de poesía oral, y las diferencias
de tono y estilo entre ambas, llevaron a algunos críticos a apuntar la
tesis de que podían ser el resultado de la refundición de poemas
anteriores, o de que al menos ambas fueron compuestas por dos autores
distintos.
Todos estos problemas, que constituyen la llamada «cuestión
homérica», permanecieron abiertos a discusión, pero la mayoría de los
críticos coinciden en ciertos puntos. Así, se considera que la
Ilíada es anterior a la
Odisea,
y que casi con seguridad fueron compuestas durante el siglo VIII a.C.,
unos tres siglos después de los hechos narrados. Su lengua era el
dialecto jonio con numerosos elementos eolios -lo que confirma el origen
jonio de Homero- y pertenecía a la tradición épica oral (al menos en lo
referente a las técnicas empleadas, ya que existen opiniones diversas
acerca de si el autor empleó o no la escritura). Su fijación por
escrito tendría lugar en Atenas
durante el siglo VI a.C., si bien la división de cada poema en 24 cantos
correspondería a los eruditos alejandrinos del período helenístico. En
el transcurso de todo este largo espacio de tiempo se introducirían
diversas interpolaciones.
Sobre esta base, la mayoría de los especialistas coinciden en
deducir algunos datos básicos acerca de Homero y de su obra.
Ciertamente, tanto la
Ilíada como la
Odisea presentan
diversas inconsistencias internas, como las alusiones a técnicas y
equipos de combate pertenecientes a diversas épocas históricas. Sin
embargo, puesto que no cabe duda que Homero, en caso de existir,
utilizaba materiales épicos anteriores y que posteriormente es probable
que se incorporaran algunos añadidos, ello podría explicar dichas
inconsistencias. Por lo que se refiere a la existencia o no de un autor
único de la
Ilíada, la más antigua de las dos obras, se ha
señalado que, si bien es evidente la existencia de poemas épicos orales
anteriores sobre los mismos temas, no parecen haber tenido una extensión
ni siquiera aproximada, ni desde luego tal complejidad estructural.
Ello apuntaría, pues, a la existencia de un creador individual que dio
una nueva estructuración a los temas tradicionales y los integró en su
visión personal de la realidad.
Más dudosa resulta la respuesta a si hubo o no un autor común para la
Ilíada y la
Odisea.
En contra de tal autoría se ha planteado la diferencia de estilo entre
ambas obras, de tono más heroico y tradicional la primera, más propensa a
la ironía y la imaginación la segunda; a ello cabría añadir el empleo
de un léxico más tardío en la Odisea. En defensa de la tesis del autor
único se apunta que, si como ya afirmó Aristóteles, la
Ilíada era una obra de juventud de Homero, en tanto que la
Odisea habría
sido redactada en su madurez, podría suponerse que el ya anciano poeta
decidió redactar la segunda de sus obras como un complemento de la
primera, una ampliación de su perspectiva. Por otra parte, ambas obras
comparten características comunes absolutamente innovadoras, como la
visión antropomórfica de los dioses, la confrontación entre los ideales
heroicos y las debilidades humanas y, en general, el deseo de ofrecer un
reflejo integrador de los ideales y valores de la naciente sociedad
helénica. Si a ello unimos la maestría técnica patente en uno y otro
poema, resulta difícil pensar que el autor de la Ilíada, ese gran poeta
jonio al que los griegos llamaron Homero, no fuera cuando menos el
principal inspirador de la
Odisea.
El nombre de Homero, en cualquier caso, se encuentra ya
indisolublemente unido al de los dos poemas que se le atribuyeron, y
como tal constituye el símbolo del pueblo que marcó el rumbo futuro de
la cultura occidental.
El poeta ciego
Los griegos de la época clásica (los del siglo V y siglo IV a.C.) consideraban como un hecho absolutamente indiscutible que la
Ilíada y la
Odisea,
los dos grandes poemas épicos, compuestos sin duda en el siglo IX o en
el VIII a.C., eran obra de un mismo poeta, de un genio inmenso, al que
llamaban Homero (cabe pensar que Homero –si es que existió– era jonio,
originario de Esmirna, y que habría muerto en Ios). El historiador
Heródoto le hace vivir hacia 850 a.C., fecha que indudablemente no es
exacta, pero que no es incompatible con el conjunto de datos que han
podido reunirse en torno a la creación de los dos grandes poemas
homéricos. Una tradición muchas veces repetida pretendía que Homero era
ciego, y que por lo menos siete ciudades griegas se disputaban el honor
de haberlo visto nacer.
Desde la más remota Antigüedad se han atribuido a Homero las dos epopeyas tituladas
Ilíada y
Odisea
(alrededor de 28.000 versos) y que, efectivamente se remontan al siglo
IX-VIII a.C., así como diversos himnos dedicados a los dioses (llamados
himnos homéricos;
se trata de textos claramente posteriores, compuestos por autores
diversos y en fechas diferentes), y un poema burlesco, compuesto en
realidad entre los siglos VI y IV a.C. por un autor anónimo:
La batracomiomaquia.
Fuente: http://www.mienciclo.es.wdg.biblio.udg.mx:2048/enciclo/index.php/Homero