El Nombre de La Rosa - Umberto Eco

"(...) hacia la pared meridional ROMA (¡paraíso de los clásicos latinos!) e YSPANIA. (...) Entre oriente y septentrión, a lo largo de la pared, ACAIA, buena sinécdoque, como dijo Guillermo, para referirse a Grecia (...)

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martes, 26 de noviembre de 2013

Apuleyo

(Madaura, África, h. 125 - Cartago, África, h. 180). Filósofo y escritor latino. La crisis ideológica de la Roma del siglo de los Antoninos, en la que el escepticismo cortesano se entrelazaba con la creciente influencia de las religiones orientales, fue el telón de fondo de la obra singular de Apuleyo, notable figura de la literatura, la retórica y la filosofía platónica de su tiempo.
Lucio Apuleyo, también conocido como Apuleyo de Madaura, nació en esta ciudad africana hacia el año 124 de la era cristiana. Estudió gramática y retórica en Cartago, y filosofía platónica en Atenas. Más tarde ejerció la abogacía en Cartago y Roma. Gracias a la herencia paterna se dedicó a viajar, en contacto con los cultos orientales, y posteriormente casó con la rica viuda Emilia Pudentilla, matrimonio que le trajo ciertas dificultades ya que la familia de Emilia lo acusó de habérsela ganado con hechizos y brujería. Para salir al paso de tales acusaciones, Apuleyo escribió la Apología (año 173), por la que se conoce su vida.
Aunque fue el autor de diversos poemas y tratados, de los que sólo se conserva Florida, una antología de sus discursos, la obra que daría fama inmortal a Apuleyo fue la extensa narración en prosa en once libros que él llamó Metamorfosis, más conocida por El asno de oro. Se relataban en ella las aventuras del joven Lucio, inopinadamente transformado en burro, que sólo recuperará su forma humana gracias a Isis, diosa egipcia a cuyo servicio se consagra. Plagada de alusiones a antiguos misterios religiosos y ritos iniciáticos, como el episodio llamado «Cupido y Psique» (libros IV al VI), que inspiró entre otros a Giovanni Boccaccio y a Miguel de Cervantes, la narración poseía una extraordinaria vitalidad, y en ella se presentaban, sobre un fondo probablemente autobiográfico, diversos episodios de carácter obsceno, cómico o moralizante. Apuleyo murió en Bizancio, seguramente después del año 170.


Fuente: http://www.mienciclo.es.wdg.biblio.udg.mx:2048/enciclo/index.php/Lucio_Apuleyo

Lucrecio

(Roma, Italia, h. 98 - 55 a.C.) Titus Lucretius Carus. Poeta y filósofo latino. La celebridad del poeta latino Lucrecio descansa en la única obra que de él se conserva, el largo poema filosófico De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), que constituía una exposición de las doctrinas del filósofo griego Epicuro.
Los testimonios acerca de la vida de Lucrecio son breves y escasos. San Jerónimo, uno de los padres de la iglesia, señala que Lucrecio nació entre los años 96 y 93 antes de la era cristiana y que, a consecuencia de haber ingerido una poción, su mente quedó trastornada; que en los períodos de lucidez escribió varios libros -los cuales fueron enmendados o corregidos después por Cicerón-, y que, en fin, se suicidó hacia el año 51 ó 50 a.C. Esta cronología parece en esencia correcta, aunque difiere ligeramente de otras fuentes indirectas, y la relación con Cicerón aparece confirmada en una carta de éste a su hermano donde elogiaba los poemas de Lucrecio. Más dudosas son la referencia a la locura o a las posteriores enmiendas del poema, que podrían calificarse por el intento de desacreditar un epicureísmo opuesto a las ideas cristianas. De cualquier forma, dado que Lucrecio fue evidentemente un autor culto y que trató incluso a Cicerón, la carencia de menciones sobre su figura podría sugerir algún episodio oscuro en su vida.
De rerum natura, cuyo título es una traducción de la principal obra de Epicuro, Peri physeos, que dio nombre a los poemas filosóficos de diversos pensadores griegos, está escrita en versos hexámetros latinos y dividida en seis libros dedicados íntegramente a precisar las teorías físicas y éticas de Epicuro. En el universo, según la obra, no existe sino el vacío infinito, surcado por infinitos átomos que se mueven al azar y que con sus choques y combinaciones configuran todas las cosas. El alma misma no es sino una composición de sutiles átomos, que al morir el cuerpo se disgregan.
No hay por tanto inmortalidad alguna, y los dioses, aunque existen, permanecen inmortales y ajenos al
mundo. El sabio que llega a conocer la realidad no teme ya a las supersticiones ni a la muerte, que no es sino un cambio de estado de los átomos. Sólo el conocimiento, pues, conduce a una vida libre y serena.

Fuente:  http://www.mienciclo.es.wdg.biblio.udg.mx:2048/enciclo/index.php/Lucrecio

lunes, 25 de noviembre de 2013

Seneca


Fue hijo de Marco Anneo Séneca el Retórico, y nació en Córdoba el año 4 d. de C. Muy pronto marchó a Roma con su familia y allí acabó su formación de retórico, jurista y filósofo. Se dedicó a la abogacía, destacando por sus extraordinarias dotes de orador. Hizo viajes por diversas partes del mundo y fue nombrado pretor por el emperador Claudio. Sufrió destierro en Córcega durante ocho años por motivos aún no suficientemente aclarados y fue nombrado preceptor de Nerón. Acusado ante el emperador por envidiosos de su elevado puesto y su fabulosa fortuna, Séneca abandonó la corte, pero acusado de nuevo de haber participado en una conjuración contra el emperador, fue condenado a muerte. Se suicidó cortándose las venas, y bebiendo la cicuta estoicamente de acuerdo con su doctrina.

Séneca es el más importante representante de la estoica o filosofía estoica en su último período, siendo sus preocupaciones fundamentalmente éticas, hasta el punto de que se ha querido establecer un contacto entre él y el cristianismo naciente, atribuyéndole una correspondencia con el apóstol San Pablo. Es un filósofo práctico más que un teórico o un sistemático. Se aparta en muchos puntos del estoicismo, aceptando elementos tomados del cinismo y del epicureismo, lo que da por resultado en eclecticismo de carácter moralista preocupado por la filosofía en cuanto ésta significa una enseñanza y un consuelo para la vida. Esto es, en suma, el «senequismo».
Séneca separa el estudio de la naturaleza: la filosofía natural, del estudio de los hombres, la ética: teñida de religiosidad. La ética ha de servir para buscar el consuelo a los males de esta resignación ante el dolor y la muerte.

Se han perdido algunas de sus obras. Escribió nueve tragedias, una sátira contra el emperador Claudio, Apokolokyntosis; escritos sobre ciencias naturales: Naturalium quaestionum Ubri septem; escritos morales: Ad Lucilium de Providentia, Ad Serenum de constantia sapientis, Ad Novatum de ira, Ad Marciam de consolatione, Ad Gallionem de vita beata, Ad Serenum de otio, Ad Serenum de tranquillitate animi, Ad Paulinum de brevitate vitae, Ad Polybium de consolatione, Ad Helviam matrem de consolatione, Ad Aebutium liberalem de beneficiis y Ad Neronem Caesarem de clementia. Además escribió 124 Epistolae morales a Lucilio. El estilo de Séneca es vigoroso, rico en sentencias, a veces cortado y siempre expresivo.

A Séneca le interesa más la filosofía como forma de vida que como especulación teórica, y gira toda ella en torno a la figura del «sabio», del «sofós». Para Séneca la sabiduría y la virtud son la meta de la vida moral, lo único inmortal que tienen los mortales. La sabiduría consistirá según la doctrina estoica en seguir a la naturaleza, dejándose guiar por sus leyes y ejemplos. Y la naturaleza está regida por la razón. Por tanto, obedecer a la naturaleza es obedecer a la razón, y poder de este modo ser feliz. La felicidad de que es capaz el hombre consiste en adaptarse a la  naturaleza, y para ello mantener un temple anímico equilibrado que nos deje a salvo de las veleidades de la fortuna y de los impulsos del deseo que oscurecen la libertad. La libertad consiste en la tranquilidad del espíritu, en la imperturbabilidad del ánimo que hace frente al destino, la ataraxia.

Jenofonte

Atenas, 430 a.C.-Corinto, actual Grecia, 355 a.C. Historiador y filósofo griego. Autor, entre otras obras, de Apología de Sócrates, Economía y
Ciropedia o Educación de Ciro, destacó también por su carrera militar, sobre todo por una memorable hazaña que protagonizó después de la batalla de Cunaxa: condujo a los 10 000 griegos supervivientes de regreso a su patria, haciendo un recorrido de 4 000 kilómetros. Este episodio se conoce con el nombre de Anábasis o Retirada de los diez mil, tal como es relatado por el propio autor. Tuvo por maestros a Filóstratos, Isócrates y Pródico, además de a Sócrates, quien, según cuenta la tradición, le encontró un día en la calle y, prendado de sus cualidades, lo tomó por su discípulo predilecto. Jenofonte era miembro de una familia acaudalada y recibió una formación militar e intelectual muy completa.


Autor versátil, se prodigó en los géneros histórico, filosófico, financiero, político, didáctico y literario. Por lo que respecta a sus escritos filosóficos, se le puede clasificar como un socrático, dado que aboga por la vida práctica y útil como ideal de vida armoniosa.

http://www.biografica.info/biografia-de-jenofonte-1266

Platón


Arístocles de Atenas, apodado Platón (Πλάτων = «el de anchas espaldas»), nace, probablemente, el año 428-427 a.n.e. en Atenas, o quizás en Aegina. Pertenecía a una familia noble. Su padre, Aristón, se proclamaba descendiente del rey Codro, el último rey de Atenas. Su madre Períctiona, descendía de la familia de Solón, el antiguo legislador griego. Era además hermana de Cármides y prima de Critias, dos de los treinta tiranos que protagonizaron un golpe de estado oligárquico el año 404. Platón tuvo dos hermanos, Glaucón y Adimanto, y una hermana, Potone. A la muerte de Aristón, Períctina se casó con su tío Pirilampo, amigo y partidario prominente de Pericles, con quien tuvo otro hijo, Antifón.

Platón tuvo una educación esmerada en todos los ámbitos del conocimiento. Es posible que se iniciara en la filosofía con las enseñanzas del heracliteano Cratilo. A los veinte años (407) tiene lugar el encuentro con Sócrates: acontecimiento decisivo para Platón. Sócrates contaba entonces 63 años y se convertirá en su único maestro hasta su muerte. Tanto por sus relaciones familiares, como por vocación, Platón tuvo la intención de adentrarse en la vida política. Pero, según narra en la Carta VII, dos sucesos decisivos le hicieron desistir de ello. Durante el régimen de los treinta tiranos sus parientes (Critias, Cármides) y conocidos le invitan a colaborar con el gobierno: «Yo me hice unas ilusiones que nada tenían de sorprendente a causa de mi juventud. Me imaginaba, en efecto, que ellos iban a gobernar la ciudad, conduciéndola de los caminos de la injusticia a los de la justicia». Pero las acciones criminales iniciadas por el nuevo gobierno desilusionaron a Platón; sobre todo por el intento de mezclar a Sócrates («el hombre más justo de su tiempo») en el prendimiento de León de Salamina (un exiliado del partido demócrata) para condenarlo a muerte. Pero «Sócrates no obedeció y prefirió exponerse a los peores peligros antes de hacerse cómplice de acciones criminales». Los exiliados del partido democrático se rehicieron bajo la dirección de Trasíbulo y, con el apoyo del pueblo ateniense, derrotaron a los oligarcas. Al principio los hombres del nuevo gobierno utilizaron una gran moderación, votando icluso una amnistía, para poner fin a la guerra civil. De nuevo Platón se siente inclinado a mezclarse en los asuntos del estado; pero ocurre que bajo el nuevo gobierno tiene lugar el proceso y condena de Sócrates: «he aquí que gentes poderosas llevan a los tribunales a este mismo Sócrates, nuestro amigo, y presentan contra él una acusación de las más graves, que él ciertamente no merecía de manera alguna: fue por impiedad por lo que los unos le procesaron y los otros lo condenaron, e hicieron morir a un hombre que no había querido tomar parte en el criminal arresto de uno de los amigos de aquéllos, desterrado entonces, cuando, desterrados, ellos mismos estaban en desgracia». La injusticia del orden oligárquico y los errores de la democracia conducen a Platón a orientar su pensamiento en el sentido en encontrar un fundamento sólido para poder instaurar un orden justo: «Entonces me sentí irresistiblemente movido a alabar la verdadera filosofía y a proclamar que sólo con su luz se puede reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada. Así, pues, no acabarán los males para los hombres hasta que llegue la raza de los puros y auténticos filósofos al poder o hasta que los jefes de las ciudades, por una especial gracia de la divinidad no se pongan verdaderamente a filosofar»

El año 399 tiene lugar la condena y muerte de Sócrates que despejarán los posteriores caminos del padre de la Filosofía académica. Temiendo ser molestado por su condición de amigo y discípulo de Sócrates, Platón se refugia en Megara donde permaneció probablemente tres años, entrando en relación con la escuela y con Euclides de Megara. Posteriormente partió para Africa, visitando, primero, Egipto y, después, la Cirenaica, donde frecuentó a Aristipo de Cirene y al matemático Teodoro. A partir de este momento se dan varios versiones de sus viajes. Para unos regresa directamente a Atenas, para otros va a Italia meridional a fin de conocer las sedes pitagóricas y a Arquitas de Tarento.
Hacia el año 388 abandona Italia (o Atenas) para dirigirse a Sicilia. En Siracusa reina un griego, Dionisio I el Anciano, que tiene en jaque a los cartagineses y se ha convertido en amo de Sicilia. Platón intima con Dión, cuñado de Dionisio, gran admirador de los socráticos. El caso es que después de ser llamado por el rey, el propio Dionisio lo expulsa (no se conocen exactamente los motivos). Embarca en una nave espartana que hace escala en la isla de Aegina, a la sazón en guerra con Atenas, y Platón es hecho esclavo y luego rescatado por Anníceris, a quien había conocido en Cirene. En el 387 regresa a Atenas y funda la Academia, primera escuela de filosofía organizada, origen de las actuales universidades. Allí permanecerá durante veinte años dedicado al estudio y a la enseñanza.
Pero el filósofo volverá en otras dos ocasiones a Siracusa. El año 367 muere Dionisio I y le sucede en el trono su primogénito Dionisio II. Dión concibe la idea de traer a Platón a Siracusa como tutor del sucesor de su cuñado. Platón no era optimista sobre los resultados, pero Dión y Arquitas le convencen haciéndole ver las perspectivas de reformas políticas que se le ofrecen. Platón acude a Siracusa dejando a Eudoxo al frente de la Academia. Muy pronto el joven Dionisio ve en Dión y en Platón dos rivales, por lo que destierra a Dión y más tarde hace lo mismo con el filósofo. Con todo les promete el regreso.


El año 366 vuelve a Atenas donde permanecerá seis años. Posteriormente (361) Dionisio invita de nuevo a Platón y el filósofo se dirige a Siracusa acompañado de varios discípulos. Heráclides Póntico es ahora el encargado de regir la Academia. De nuevo, la actitud de Dionisio fue tajante con el ateniense que, preso, consiguió ser liberado merced a la intervención de Arquitas. Una vez libre regresó a Atenas. Pero Dión no cejó en su empeño, sino que reclutó un ejército del que formaban parte discípulos de Platón, venció a Dionisio e instauró una dictadura. Sin embargo a los tres años fue asesinado por su amigo, el platónico Calipo.

Platón, por su parte, continuó en Atenas su trabajo al frente de la Academia hasta el año 348-347, fecha probable de su muerte.

http://www.filosofia.org/bio/platon.htm